Florencia Hotel Marzia. Monumentos. Galería de los Uffizi
La
Galería de los Uffizi fue creada por la familia Médici en el siglo XV. Pronto se dedicó a pinacoteca, es decir, galería de pintura, especializada en Renacimiento. La construcción respondía a las necesidades de la familia Médici. Asentada en Florencia, vivía en el llamado Palazzo Vecchio, el palacio viejo. Insuficiente para todas las actividades de estos poderosos nobles, se encargó a Giorgio Vasari, pintor y teórico del Renacimiento, la construcción de este edificio. El cliente fue Cosme I Médici, que quería ubicar en ella la sede de los oficios -uffizi en italiano- de la Magistratura del Estado. El edificio está entre el Palazzo Vecchio y el Palazzo Pitti, por lo que el proyecto original se reforma para unir ambos. Francisco I, hijo de Cosme, hizo sus propias remodelaciones, otorgando a la galería un ambiente más espectacular y escenográfico que práctico. De resultas de las modificaciones, en 1574, a la muerte de Vasari, el edificio aún no se había terminado, por lo que se llamó a Alfonso Parigi y Bernardo Buontalenti para rematarlo. Éste último fue el autor de la preciosa Puerta de las Súplicas. Inaugurado al fin en 1581, todos los eruditos e intelectuales de la época lo citan elogiosamente por su modernidad y audacia. La organización sigue criterios culturales: ya dedicada a galería de arte, conserva funciones de la Magistratura sin embargo. En el brazo oriental, en el primer piso, se encontraba el Teatro Mediceo, que hoy se ha transformado en el Gabinete de Dibujos y Estampas. El Teatro se construyó en 1585, poco después de la inauguración, como la Loggia dei Lanzi, de 1583, un jardín interno. En el brazo oeste, las estancias que albergaban las fábricas y talleres de porcelanas, orfebrerías y piedras duras al servicio del Gran Duque de Toscana, título que se concedió a los Médici. Respecto a la historia de la colección, ésta se inicia con los fondos de la familia Médici, que eran extremadamente buenos. Los primeros añadidos de calidad fueron hechos por Cosme II Médici, de cuyas adquisiciones destaca la Adoración de Correggio. Don Antonio de Médici entregó el Tríptico pintado por Mantegna, la Gran Duquesa Victoria en 1631 aportó obras como un retrato de Piero della Francesa, el Autorretrato de Rafael, la Venus reclinada de Tiziano y un par de retratos del mismo. En 1635 entró el Tondo Doni en la colección y en 1639 la Huida a Egipto del Correggio. Cosme III, gobernante desde 1670, consiguió el retrato del rabino Morteyra de Rembrandt y la Adoración de Leonardo. Su hijo Fernando, que gobernó hasta 1713, adquirió la famosa Madonna de las Arpías de Andrea del Sarto. Como puede intuirse a través de estos ejemplos, la colección prima el Bajo Renacimiento o Cinquecento y el Manierismo. A partir de 1780, la colección se reordenó según criterios de los iluministas neoclásicos: por escuelas pictóricas, con preeminencia para la italiana. Las Escuelas que encuentran representación en la galería son en su mayor parte italianas. Las obras más antiguas, del Trecento, son por orden de importancia la Madona Rucellai de Duccio, la Madona d'Ognissanti de Giotto, la delicadísima Anunciación de Simone Martini o una sofisticada y cortesana Adoración de los Magos pintada sobre tabla por Gentile da Fabriano. En el Quattrocento están representados los más grandes maestros. Tenemos ocasión de contemplar una de las tres versiones de la Batalla de San Romano de Paolo Ucello, la Virgen con Niño y dos ángeles de Fra Filippo Lippi, la pareja de retratos de los duques de Montefeltro, de Piero della Francesca. Además, una extensa colección de pinturas de Botticelli incluye la Primavera, la Virgen del Magnificat y el Nacimiento de Venus, obras conocidas en todo el mundo. La colección de grandes genios del Cinquecento se inaugura con cuadros de Leonardo y Miguel Ángel, así como de Rafael, por ejemplo, la Madona del Jilguero o el retrato de León X. De Tiziano queda mencionar la Venus de Urbino, que se suma a otras obras ya mencionadas. En pleno Manierismo, la obra por excelencia sería la Madonna del Cuello Largo, pintada por Parmigianino, una de las estrellas de este movimiento. Terminamos el repaso a la pintura italiana con un ejemplo barroco, el Baco joven de Caravaggio. Otras Escuelas están menos representadas. Destaca la centroeuropea, con obras flamencas como el Tríptico Portinari, o alemanas, como la pareja Adán y Eva de Lucas Cranach el viejo. Del Barroco, el retrato de Isabella Brandt, por Rubens. También hay tres estupendos autorretratos de Rembrandt, con los cuales finalizamos este repaso a los tesoros de la colección de los Uffizi.